Sin Ambages
Yo lo haría
Miuris (Nurys) Rivas
Si yo fuera presidente y quisiera seguir en el carguito, lo primero que haría sería tratar de erradicar la manera en que viven los dominicanos de clase más que pobre (grado a considerar).
Siendo presidente me daría vergüenza que se diga públicamente que en el país en que mando, en el siglo XXI, existe una multitud por debajo de la condición de pobre que apenas come, vive al borde de cañadas, habita barrios sórdidos ocupando techos tan frágiles como el cartón.
Todos recordarán aquella pareja de pastores vilmente asesinada, fue un caso conmovedor como tantos otros que quedan en el olvido.
Se ha publicado en estos días, que el presidente Luis Abinader, había prometido una casa a doña Carmen Ferreras, madre de Joel, el pastor asesinado, la noticia cuenta además que dicha tarea fue encomendada al ministro de Interior y Policía.
Lamentablemente doña Carmen no fue incluida en el reparto que se hizo, lo que la obliga a seguir viviendo en las peores condiciones para un ser humano:
“La vivienda, que bien tendría el tamaño de la habitación de un apartamento de clase media, tiene apenas tres ventanas. El lindero es una empalizada. El fregadero no existe, son unas poncheras de aluminio y cubos de pintura o de helado llenos de agua, en una mesa de madera un tanto podrida”.
“No hay ducha, ni lavamanos en el baño, un recuadro de zinc oxidado cuya puerta es una cortina. Las tres damas que viven en esa casa no tienen privacidad alguna, pues el espacio destinado al aseo personal está construido en un patio casi compartido con las casas del alrededor”.
La descripción de las condiciones de la casa de doña Carmen las publica el periódico que realizó el reportaje.
A mi me está causando dolor divulgar condiciones tan primitivas y me avergüenza más cuando pienso en la manera en que una parte se sirve con la cuchara grande, se me parte el corazón cuando pienso en casos como éste y cientos más, mientras en este país se juega verbalmente con elevadas sumas de millones de pesos.
Si yo fuera presidente o quisiera llegar a serlo, nunca se me ocurriría jugar con la sensibilidad de la gente humilde.
A estilo y semejanza de este caso, se vive en todas las provincias y la capital, en el cinturón de miseria que bordea edificios lujosos, grandes hoteles y casas suntuosas, ahí cerquita de gente poderosa, cuya basura debe ser más “apetitosa” que la escasa comida que comen los pobres.
Perdón, he llamado comida a la inmundicia que estos dominicanos están obligados a comer porque, mejor exponerse a morir por acumulación de bacterias, que morir de hambre.
Alguien debería hablar de este caso al presidente Luis Abinader, sería un acto de humanidad ayudar a esta mujer a la que le mataron su hijo.







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