Miuris (Nurys) Rivas
La bendita lluvia tan anhelada por agricultores y por todos, ha vuelto a caer y esos aguaceros tropicales que al principio sacan sonrisas y suspiros de satisfacción en nuestra gente, una vez más se convirtieron en el verdugo castigador que dejó en el caos a muchísimas familias.
Las lluvias a lomo de tormentas, granizadas y viento, fueron dejando a su paso escenas macondianas pasando por Santiago, Puerto Plata, hasta llegar a Montecristi, donde algunos municipios y campos aún no vuelven a la normalidad.
Arroyo Gurabo en Santiago, río San Marcos en Puerto Plata, son nombres tristemente mencionados en cada travesía desmesurada que como esta vez, ha hecho la lluvia.
Las quejas son las de siempre, son situaciones conocidas a las que sin embargo, con la excepción de llevar unas cajitas de comida, alguna manta para atenuar el frío y albergar familias en escuelas o en la edificación que más aguante del lugar que sea, no se hace nada más.
La lluvia torrencial casi siempre, además del miedo a perderlo todo, siembra el dolor por pérdidas humanas, esta vez no fue la excepción, es lo más doloroso ya que los apagones, la falta de agua potable, las inundaciones y derrumbes, son males conocidos y mil veces padecidos.
Podríamos decir que la lluvia tuvo la generosidad de caer sobre nuestra tierra, unas más otras menos secas y tocaron la aridez de La Línea Noroeste, si tanto allí como en otros lugares donde llovió torrencialmente existiera una preparación adecuada a nuestras condiciones atmosféricas, tomando en cuenta que somos un país tropical y que cada año tenemos temporadas muy lluviosas, los lugareños podrían disfrutar de esos aguaceros con tranquilidad.
En cada lugar quedó la huella de inundaciones y la desolación de familias que perdieron todas sus pertenencias, sobre todo en Villa Vázquez, Puerto Plata, Navarrete, Villa González y en Montecristi hasta una parte del Hospital Padre Fantino, sufrió inundaciones.
Las autoridades de estos municipios, llámese gobernadores, alcaldes y personas prominentes de cada lugar, acudirían con ayuda para las familias necesitadas, siempre sucede lo mismo, aunque pasado el primer susto, estas familias vuelvan a su cotidiana rutina y absoluto olvido.
Siendo como somos, el país donde se habla en el idioma de millones, de tantos millones, cifras que asustan por excesivas, siendo además el país con la economía más fuerte en toda América Latina como aseguró hace poco el ministro de turismo, no se entiende como la mayoría de nuestra gente puede vivir en situaciones tan infrahumanas que el más leve soplo de viento les tumba la casa, o cualquier “buche” de agua les inunda caminos y propiedades.
Ciertamente ahora no se trató de un buche, volvemos a lo mismo, si el país tuviera una preparación adecuada, no sería tanto lo que tuviéramos que lamentar.







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