Miuris (Nurys) Rivas
Convierto hoy esta columna en una tarjeta navideña emotiva y cordial con la que abrazo virtualmente a mi profesor de escuela primaria, tras varias décadas de ausencia.
A pesar de que lleva mucho tiempo fuera de su ciudad, mas de uno sin duda lo recordará, desciende de una de las familias tradicionales y en la emisora de Montecristi habrá quedado la impronta de su voz.
Una cadena de afectuosas anécdotas, interminables lecciones de las ramas del saber, sin fin de travesuras y faltas a la disciplina escolar, (mea culpa) me unen a Pershing Rodríguez Marzán, profesor de la escuela de Guayubín, en un curso de adolescentes que no habíamos despertado a la vida adulta.
La llegada del maestro fue un acontecimiento, lo primero que llamaba la atención era su nombre, Pershing Lafayette, “se comía” el inglés, creo que entre todas, era la materia más deseada, solo por el hecho de ver su habilidad en el idioma de Shaskespeare, conservo el recuerdo de una canción en inglés que nos enseñó, la que guardada en mis recuerdos, rescaté ya de adulta, siendo una melodía que suelo escuchar en esos momentos en que despojada de todo, entrego a la música mi espíritu.
La memoria me hace evocar el aula del séptimo curso en la escuela primaria de Guayubín cuando escucho “Que será será”, inmortalizada por Doris Day, que el profesor nos la enseñaba en inglés, el curso entero alborotado, tarareando esas notas.
¡Santo Dios, cuanto faltaba todavía por vivir!
Completados los cursos reglamentarios, cada uno tomó el camino pautado por la familia, el tiempo pasa raudo y sin apenas percibirlo, notamos de repente, que hemos dejado atrás, quizás la mejor parte de la vida.
Mi reencuentro con el profesor Pershing, ha constituido una emocionante alegría, entre cálida mensajería epistolar, hemos rozado los recuerdos de cada uno, yo bordeando la historia de lo que ha sido mi vida, enterándome a la vez de partes de la suya, Pershing ha sido protagonista de una vida que abarca varias especialidades sin dejar atrás la mística de la docencia.
¿Mi conclusión personal? Pienso que mi profesor, continúa siendo el mismo caballero callado y discreto, extremadamente respetuoso, no me lo ha confesado, sin embargo, tengo la percepción de que Pershing, no obstante corresponder amablemente a mis reminiscencias, no acierta todavía a identificarme en su memoria, ¡es lógico! aunque me provoca algo de pena, de la que me consuelo al entender que los alumnos pueden recordar a un maestro, éstos en cambio, tienen ante si tantas caras diferentes cada día, que no siempre podrán acertar, mucho más después de tantos años… ¿?
Estados Unidos fue la atalaya desde donde empezaron a surgir los éxitos de este liniero que después de incursionar en la radio dominicana en su natal Montecristi, fue precursor de la radio hispana, labor desarrollada desde Rhode Island, me atrevo a deducir que entre todo su recorrido, es la radio la que mayor pasión y satisfacciones le ha otorgado.
Y no podría ser de otra manera porque lo que nunca supimos sus alumnos, es que el profesor Pershing, escondía un alma de artista que a través del tiempo ha ido cultivando en facetas a cual más interesante como la habilidad de interpretar instrumentos musicales y otras ramas del arte.
Yo llegué a Providence el 22 de septiembre de 1972, desde New Jersey. Un par de días antes, me encontré con un primo que me invitó a venir a un cumpleaños que se iba a celebrar el 24 de septiembre. Ahí yo conocí a una joven, la muchacha me gustó, y yo le dije que volvería”.
Volvió y desde allí empezó a conquistar a través de las ondas hertzianas, un universo para los hispanoparlantes, abrió la senda para que otros latinos caminaran sobre sus huellas triunfadoras.
Un hombre de éxito, pionero de la radio hispana, instructor de disciplinas diversas, escritor de obras de interesante contenido, un triunfador con tanta vida por contar, que bien podría convertirse en un afamado charlista internacional compartiendo tan invaluable material atesorado durante tantos años en EEUU, RD, México, Canadá y otros países explorados.
Profesor reciba en estas letras un saludo cordial y con usted abrazo en estrecho vínculo a Montecristi, la tierra del Morro que le vio nacer.
¡Felices fiestas navideñas!






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