Miuris (Nurys) Rivas
Sevilla, España
miurisrivas@hotmail.com
La muerte de Leslie Rosado ha sido hasta el momento, un detonante para que el
país estalle contra la policía.
El asesinato de Leslie no es un caso aislado, hemos venido clamando desde hace
tiempo, estamos al límite de situaciones que se están escapando del control de
las autoridades.
El gobierno promete justicia, sin embargo las muertes violentas continúan
llenando de luto a hogares dominicanos.
Puede que este caso desate una serie de acciones que antes no se pusieron en
práctica ya que, todo indica que Leslie Rosado provenía de una familia con un
estatus diferente al de la generalidad, no podemos negar que la élite social y el
poder económico influyen determinantemente en sistemas como el nuestro.
Lo esencial sería que se respetara el valor de la vida en todos los niveles, ojalá
que se esclarezca este caso y se haga justicia, que no quede impune la muerte de
una profesional indignamente asesinada.
Estamos consternados, aquí no basta una súplica de perdón, porque la
indulgencia puede concederse cuando implica hechos que puedan arreglarse de
alguna manera.
Pero estamos hablando de muerte señores, una condición irrevocable y sin
remedio, por mucho perdón que se pida y se otorgue, la vida de Leslie, la de los
pastores muertos hace unos meses en un hecho parecido y la de tantos otros
dominicanos caídos a manos de agentes de gatillo fácil, no tienen perdón.
Por muy piadosa que sea la familia de Leslie, ni un millón de perdones les
devolverá a sus padres y a sus hijos, la voz o calidez de un abrazo, igualmente los
familiares de unos pastores en plena luna de miel, muertos en un hecho de
cobardía, perdieron para siempre a sus seres queridos.
Está claro que la Policía Nacional necesita una profunda revisión, el país espera
manos enérgicas, un cambio radical que asegure que los dominicanos puedan
transitar sin miedo por carreteras y calles, sin que miembros de la institución
establecida para imponer el orden, se conviertan en el verdugo que acabe con la
vida.
Carecemos de elementos de juicio para acusar a la policía de todos los hechos de
sangre, ellos como tal no disparan en todos, lo que si podemos y nos asiste el
derecho, es exigir seguridad, que la institución cumpla con el propósito para el
cual fue creada.
La seguridad ciudadana es la principal tarea a ser asumida y es el gobierno el
encargado de hacerla cumplir.
La muerte de Leslie Rosado, arquitecta de 35 años, se produjo la noche del
pasado sábado, pero ayer lunes en Santo Domingo Oeste, cayó abatido un
hombre de 29 años, muerte igualmente violenta, tan oscura como la de Leslie.
Que está pasando en el país que parece imposible que se controle una ola
delincuencial extendida en toda la geografía nacional,
Toda muerte causa dolor, la vida de todo ser humano merece respeto, cada
hecho de sangre causa un sentimiento de encono inherente a la condición
terrenal, gente dominicana, amigos y familia pueden ser igualmente víctimas de
esta oleada.
Estamos consternados y temerosos, pero sobre todo, estamos indignados
porque es como estar ante eslabones que se van soltando de una cadena que
invisible y sin freno se dispara dejando un rastro de sangre y dolor.
Unamos nuestras voces exigiendo mano dura contra la delincuencia policial,
barrial, venga de donde venga, no estamos en una selva, que se aclare este caso
y otros más que permanecen engavetados mientras las víctimas se multiplican.







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